Mi historia con Lyme

← Regresar al inicio

Si estás enfermo de Lyme, sé lo desesperado que te debes de sentir: el dolor, la depresión, la soledad, el malestar, la incomprensión, la mortificación y la desesperanza. Podría seguir usando más palabras, pero la mayoría de la gente nunca lo entenderá al nivel que lo entendemos quienes estamos luchando esta batalla. Si eres familiar de alguien con Lyme, también sabes de primera mano que la batalla no es fácil, ni para ti ni para ellos.

En octubre de 2016 tuve mi primer síntoma: algo raro, un dolor cerca de la costilla derecha. No le quise dar importancia, pero en ese instante supe que algo había cambiado; lo sentía.

Durante aproximadamente un año empecé a desarrollar toda clase de síntomas: problemas gastrointestinales, dolores, ardores, inflamación, espasmos, sensación de cosquilleo en extremidades, mente nublada, falta de sueño, cansancio extremo, dolor en las articulaciones y hasta vista doble.

Después de visitar más de 20 doctores —neurólogos, gastroenterólogos, incluso psiquiatras— y después de rechazos, frustraciones y falta de respuestas, finalmente encontré un médico que no se dio por vencido y pudo darme un diagnóstico positivo de Lyme. Para entonces ya habían pasado cerca de dos años o más desde el inicio de mi enfermedad.

Mi doctor pudo darme un diagnóstico, pero no sabía exactamente cómo tratar la enfermedad. Como muchos otros médicos, prescribió ceftriaxona intravenosa y antibióticos como doxiciclina por periodos cortos, quizás uno o dos meses. Después de dejar el tratamiento, mis síntomas volvían a empeorar.

Intenté medicina natural, suplementos, terapia magnética y muchas otras alternativas, pero nada me dio resultados duraderos. Después de casi tres años, mediante investigación, encontré que existían médicos educados en Lyme. Uno de ellos me explicó que él mismo había estado enfermo y que con antibióticos había logrado controlar sus síntomas, aunque no eliminarlos por completo.

Más adelante fui referido a otro médico educado en Lyme, quien también padecía la enfermedad y tenía experiencia tratando a otros pacientes. Este doctor había tenido la oportunidad de aprender de médicos con mejores resultados en tratamientos con diferentes antibióticos. Ahí fue donde realmente empezó mi mejoría.

Intentamos un tratamiento con un antibiótico llamado dapsone, mientras también tratábamos una posible Bartonella. Aunque mis pruebas no salieron positivas, tenía muchos de los síntomas. Mi doctor comentaba que dapsone no sería tan efectivo si el paciente seguía enfermo con Bartonella.

Estuve en ese protocolo cerca de cuatro meses. Aunque todavía tenía algunos síntomas, entré en remisión. Para mí eso fue un gran avance. Los síntomas remanentes eran tolerables y a eso le llamé remisión. Estuve en remisión por casi cuatro años.

Al final del cuarto año tuve una recaída. Los síntomas, que antes se sentían principalmente del lado derecho de mi cuerpo, empezaron a presentarse del lado izquierdo. Fue un golpe muy fuerte volver a sentirme tan enfermo hasta caer en cama.

Mi doctor ajustó el enfoque y empezamos a tratar Bartonella de manera más agresiva con ideas inspiradas en el protocolo Mozayeni. También se incluyeron pulsos de dosis altas de dapsone y, hacia el final, elementos del Double Dose Dapsone Protocol descrito por el Dr. Horowitz, todo durante un periodo aproximado de un año.

Empecé a notar mejorías lentas pero claras: cada dos semanas, cada mes, cada dos meses. Al final del año empecé a sentirme funcional nuevamente. Al momento de escribir esto, mayo 2 de 2026, llevo aproximadamente un año y cinco meses de tratamiento. Muchos síntomas se han ido completamente; otros siguen ahí, pero con menor intensidad.

Esta vez se siente diferente a mi primera remisión. Se siente como un progreso más real. Si me preguntas si entraré en una remisión de por vida, no podría contestarte. Solo puedo decir que me siento mejor que en la primera remisión, aunque sigo en tratamiento. Estimo que tendré que completar los dos años y después evaluar cómo me siento.

Dudé mucho en publicar esta información porque no quería darle falsas esperanzas a nadie. Yo mismo aún no puedo decir que estoy 100% curado. Lo que funciona para mí quizás no funcione para ti. Pero conozco el sufrimiento de quienes están enfermos, y prefiero compartir esta información para que puedas revisarla con un médico calificado.

Lo único que puedo decirte es que tengas paciencia. Esto toma tiempo. Durante mi tratamiento hubo días en que me sentí peor, pero mi doctor me dijo: antes de sentirte mejor, te vas a sentir peor. Así lo viví muchas veces. Son pequeños peldaños que uno va escalando.

Sigue luchando. Agradece a quienes te han apoyado: tu familia, tus amigos, las personas que no te abandonan. Para ellos puede ser difícil entender tu sufrimiento, pero aun así, agradece. No te des por vencido.

Yo también tuve noches oscuras, tirado en la cama sin poder dormir, hablando con Dios y sintiéndome sin esperanza. Pero debes saber algo: no eres basura, no estás solo, y todavía puede haber esperanza.

Es muy pronto para llamar a esto una cura. Es nuevo, toma tiempo y debe hacerse con supervisión médica. Pero de no hacer nada, yo prefiero seguir intentando. Te entiendo, te escucho, y por eso hice este sitio. Que Dios nos ayude en nuestro camino.